Hablar con Flood no es hablar solo de técnica. Es hablar de decisiones, de compromiso creativo y de una forma de entender el estudio como un lugar donde las cosas deben suceder de verdad, no quedarse en promesa.
En esta entrevista, Flood reflexiona sobre su trayectoria, el paso de ingeniero a productor, la importancia del riesgo y su rechazo frontal a una producción cómoda y pospuesta. Una conversación que, más que nostalgia, transmite criterio.
Aprender desde abajo: la formación que define una manera de trabajar
Flood empezó en 1978 como runner en Morgan Studios. Café, cables, silencio y observación. Después asistente. Luego ingeniero. Más tarde productor.
No hay épica ni atajos en ese recorrido, pero sí una idea clara: la producción se aprende estando dentro, no opinando desde fuera.
Cuando recuerda que con apenas veinte años ya estaba como asistente en la mezcla de Movement de New Order en 1981, lo hace para subrayar algo que hoy parece impensable: antes se confiaba la responsabilidad a quien demostraba compromiso, no a quien acumulaba discurso y vendía humo.
Cuando un disco empieza a ser algo distinto
Flood introduce una idea poco habitual en entrevistas de producción: los discos importantes no se revelan al principio.

El momento en que algo cambia
Según explica, alrededor de las tres cuartas partes del proceso ocurre algo difícil de describir: el álbum deja de parecerse a su pasado y empieza a sonar como algo que no intenta ser nada previo.
No siempre sucede. Pero cuando sucede, se siente.
No es una cuestión de éxito comercial ni de expectativas externas. Es una percepción interna, compartida por quienes están haciendo el disco.
«A veces tienes la sensación de que has hecho algo monumental«
De ingeniero a productor: una decisión irreversible
Uno de los puntos clave de su carrera llega durante The Joshua Tree de U2.
Flood estaba allí como ingeniero, mientras producía al mismo tiempo a Erasure. Dos roles. Dos futuros posibles.

Elegir el riesgo
La decisión fue clara y dolorosa: si seguía siendo ingeniero, eso era todo lo que sería.
Dar el paso a productor implicaba asumir opinión, responsabilidad y conflicto. Pero también identidad.
No fue una elección cómoda. Fue una elección consciente.
El productor no impone: acompaña y tensiona
Flood rechaza frontalmente la figura del productor autoritario.
Solo trabaja con artistas que quieren diálogo, no obediencia. Describe el proceso creativo como un intercambio constante, casi deportivo: la idea va, vuelve, se reformula.
Por eso ha podido moverse entre universos tan distintos como Depeche Mode, Nine Inch Nails, PJ Harvey o Nick Cave: no porque él imponga una estética, sino porque sabe detectar cuándo algo necesita avanzar.

Hardware, tacto y compromiso frente a la comodidad digital
Flood no reniega del software, pero sí de su uso como refugio creativo.
Se define como una persona táctil. Alguien que necesita tocar, girar, reaccionar. Y defiende el hardware no como fetiche, sino como herramienta de escucha activa.
Grabar es decidir
Para Flood, grabar bien no es solo una cuestión técnica, sino ética. Critica abiertamente la idea de “ya lo arreglaremos luego”.
«Grabar es comprometerse con el sonido en ese momento.«
La sobreabundancia de plugins, según explica, no solo homogeneiza el sonido, sino que diluye la responsabilidad creativa: se pospone la decisión, se difiere el criterio.
Aburrimiento cero: una brújula creativa
Flood confiesa tener un umbral de aburrimiento muy bajo. Y eso, lejos de ser un defecto, se convierte en brújula.
Esa inquietud explica su capacidad para saltar entre estilos y artistas sin perder coherencia. No busca repetirse. Busca estímulo, fricción, dirección.
Cuando un proyecto deja de avanzar, algo tiene que cambiar. Siempre.
Epílogo: una lección incómoda y necesaria
Escuchar a Flood hoy no es un ejercicio de nostalgia analógica. Es un recordatorio incómodo de algo esencial:
- La tecnología no sustituye al criterio.
- La flexibilidad no sustituye a la decisión.
- La libertad creativa no consiste en no elegir, sino en elegir a tiempo.
Por eso muchos de los discos en los que participó no solo envejecen bien: siguen funcionando como referencia.





