A veces entendemos mejor a un artista no solo por lo que ama, sino por aquello que detesta. En el caso de Robert Smith, sus manías, sus fobias y sus choques públicos dicen tanto sobre su visión de la música como sus propios discos. El vídeo “At 66, Robert Smith Finally Reveals 6 Musicians He Hated The Most!” no es un simple listado morboso: es un mapa emocional de todo lo que él considera una traición a la autenticidad.
Más que enemistades, lo que aparece es una radiografía ética: qué valores defiende Smith, qué cosas no tolera y qué tipo de artista jamás querría convertirse. Y eso lo vuelve fascinante.
Morrissey: cuando la tristeza parece un personaje
El vídeo abre con Morrissey, y la cosa tiene sentido. Ambos fueron emblemas de la melancolía de los 80, pero Smith nunca compró la manera en que el vocalista de The Smiths teatraliza su dolor. Según se cuenta, tras verlo en directo, Robert soltó algo parecido a: “No está triste, está interpretando la tristeza para gente que nunca ha sentido dolor real.”
El choque no es musical, sino filosófico: para Smith, la oscuridad no se interpreta, se vive. Y cuando la tristeza se convierte en accesorio escénico, deja de ser verdad.
Duran Duran: la música convertida en pasarela
En el puesto cinco aparece Duran Duran, símbolo perfecto de la estética MTV que arrasó en los 80. Smith los veía como el ejemplo de que la música podía convertirse en un producto visual donde el estilo pesaba más que la emoción.
Según el vídeo, al ver uno de sus clips comentó algo del estilo: “Han convertido la música en un desfile de moda. ¿Dónde está el alma?” Y ahí se entiende el choque: para él, la música debe ser vulnerabilidad; para ellos, era glamour, brillo y perfección visual.
Billy Idol: el cadáver del punk dando vueltas en MTV
Con Billy Idol la herida es más profunda, porque ambos nacen del mismo sitio: el punk británico. En Idol, Smith veía una caricatura domesticada del espíritu punk, convertida en espectáculo para las masas.
Según el relato, llegó a decir que Idol hacía “punk para gente que va al centro comercial”. Y la frase, aunque cruel, encaja con su visión de la industria: Idol había tomado una rebeldía real y la había transformado en un personaje vendible. Para Smith, eso era casi sacrílego.
Madonna: la ambición disfrazada de sensibilidad
Aquí el conflicto no es musical, sino conceptual. Para Smith, Madonna representa la idea de la artista que convierte cada emoción en estrategia, cada gesto en marketing.
El vídeo relata que, tras ver Material Girl, Smith dijo que ella era “todo lo que va mal en la música”. No por hacer pop, sino porque todo parecía diseñado en comité: vulnerabilidad estudiada, sentimientos testeados, reinvención calculada. Para alguien que cree que el arte debe partir de la verdad, aquello era exactamente lo contrario.
George Michael: el desamor convertido en música de ascensor
Con George Michael el tono se vuelve más visceral. El vídeo explica que Smith detestaba esa forma de convertir el desamor en algo demasiado higiénico, demasiado fácil.
Hay una frase que resume su queja: “Ha convertido el corazón roto en música de ascensor.” Smith cree que una canción de amor debería dejarte tocado, herido, con cicatriz. George Michael, en cambio, hacía que todo sonara suave, pulido, agradable. Y eso, para Robert, era traicionar la esencia del sentimiento.
Bono: del artista al salvador del mundo
Y llegamos al número uno: Bono. Aquí ya no hablamos de estética ni de punk, sino de ego. El vídeo plantea que Robert Smith nunca soportó ese rol mesiánico que Bono adoptó en los grandes estadios: el artista que predica, que sermonea, que parece hablarle al mundo desde un pedestal.
Según uno de los testimonios citados, Smith llegó a decir: “Cuando un artista empieza a creerse profeta, deja de ser artista.” Para él, Bono representa la transformación de la música en plataforma moral, donde la emoción se subordina al personaje. Y eso, simplemente, le repatea.
No es odio por odio: es un manifiesto negativo
Mirando la lista en conjunto, queda claro que esto no va de enemistades personales. Lo que asoma es un manifiesto ético contado al revés: una lista de todo lo que Robert Smith nunca quiere ser.
Dolor real vs tristeza performativa. Punk como urgencia vital vs rebeldía domesticada. Arte como verdad vs arte como estrategia. Y, sobre todo, el artista como ser humano vulnerable vs el artista convertido en marca o profeta.
Por eso este vídeo no solo habla de a quién odia Robert Smith, sino de por qué The Cure siguen sonando auténticos décadas después. Sus odios, en el fondo, delatan sus principios.




